Facultad de

Ciencias Sociales

Escuela de Trabajo Social presentó Observatorio Desigualdades y Políticas Públicas

*Lanzamiento incluyó la clase magistral “La Democracia sigue incompleta. Desigualdades estructurales de género en el Chile actual”, a cargo de Javiera Arce.

En una emotiva ceremonia que se desarrolló de manera remota, la Escuela de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UV presentó el Observatorio Desigualdades y Políticas Públicas. El objetivo de la instancia es contribuir a la generación de conocimiento dialógico, pertinencia de las políticas públicas y fortalecimiento del tejido social en un marco de principios que aboguen por la sustentabilidad territorial, la diversidad, los derechos humanos y el buen vivir.

El acto fue encabezado por el rector de la UV, Osvaldo Corrales, quien estuvo acompañado por Carlos Lara, vicerrector de Vinculación con el Medio; Juan Sandoval, decano de la Facultad de Ciencias Sociales; Elena Salum, directora de la Escuela de Trabajo Social; Javiera Arce, secretaria ejecutiva de la Unidad de Igualdad y Diversidad de la Universidad de Valparaíso, encargada de dictar la clase magistral de la jornada, junto a los integrantes del Observatorio: Mahia Saracostti, Marlene Araya, Sara Salum, Violeta Flores, Cecilia Porto, Rodrigo Cabrera, Héctor Díaz y Christian Corvalán.

En la oportunidad, el rector Corrales −quien se conectó desde Santiago, ya que estaba participando en una reunión del Consejo de Rectores− destacó que el Observatorio “es una iniciativa que merece todo el respaldo institucional”, a la vez que felicitó al colectivo de académicos y académicas que lo impulsan. Indicó que la instancia corresponde al objetivo de las universidades públicas de ser parte activa del desarrollo de sus entornos, lo que corresponde a una tradición de la Universidad de Valparaíso que se remonta a sus orígenes en las escuelas fundadoras, entre las que se cuenta la Escuela de Trabajo Social.

Asimismo, el rector relevó los objetivos del Observatorio Desigualdades y Políticas Públicas, valorando su ánimo innovador y que se hace cargo “de la emergencia de nuevas realidades que afectan a los territorios así como de nuevas desigualdades, y la diversidad de nuestros entornos”, con un llamado a formular políticas públicas fundadas “en principios que me parecen esenciales, como lo son la sustentabilidad territorial, la diversidad, los Derechos Humanos y el buen vivir”.

Por su parte, la directora de la Escuela de Trabajo Social y coordinadora del Observatorio, Elena Salum, partió por agradecer al equipo de académicos y académicas que conforman la instancia, cuya idea nació hace una década, y luego estructuró su presentación en tres partes: “Primero, revisitar algunos desarrollos teóricos sobre desigualdad; segundo, responder a la pregunta ¿cómo pensamos el observatorio?, y finalmente, presentar brevemente el Observatorio Desigualdades y Políticas Públicas”.

Tras detallar estos tres elementos, la profesora Salum expresó que “entendemos el Observatorio como un centro de pensamiento que sale al encuentro de la realidad múltiple y compleja, con una actitud abierta ante el conocimiento y sensible en el análisis, constituyendo su sello distintivo la conexión entre la mirada y la acción”, añadiendo que “nace como una iniciativa de un colectivo de académicas y académicos de la escuela de Trabajo Social de la Universidad de Valparaíso frente a la profundización de las múltiples desigualdades que se manifiestan de manera cada vez más aguda en la región y en el resto del país. (…) Este observatorio surge como un espacio de vinculación con el medio, para la investigación, la formación y reflexión sobre las realidades y desigualdades que existen a nivel regional y nacional con un enfoque interdisciplinario, territorial y participativo. En este sentido, busca promover un nuevo modelo de vinculación con el medio y una nueva forma de generación de conocimiento e intervención social con pertinencia regional y nacional considerando las diversidades y problemáticas de los territorios”.

Luego de la intervención de la directora, se presentaron videos de cada una de las cinco coordinadoras de los núcleos temáticos: Estudios Interdisciplinarios sobre Niñez y Juventud, Educación y Sociedad, coordinado por Mahia Saracostti; Políticas Públicas, Sistema de Justicia, Territorios y Sociedades en Riesgo, coordinado por Sara Salum; Protección Social en las Diversas Etapas del Curso de la Vida, coordinado por Marlene Araya; Saberes, Prácticas y Políticas Públicas en Contexto de Desastres, coordinado por Violeta Flores, y Núcleo Interdisciplinario sobre Trabajo Social y Derecho, coordinado por Cecilia Porto.

Luego, tuvo lugar la clase magistral “La democracia sigue incompleta. Desigualdades estructurales de género en el Chile actual”, a cargo de Javiera Arce, secretaria ejecutiva de la Unidad de Igualdad y Diversidad, licenciada en Ciencias Políticas y Gubernamentales por la Universidad de Chile, magíster en Ciencia Política por la Universidad Católica de Chile.

Posteriormente, la profesora Elena Salum presentó la página web del Observatorio, tras lo que se mostraron videos con saludos de representantes del mundo académico, del mundo de la investigación, de instituciones públicas y privadas.

El Observatorio

La estructura organizativa del observatorio se basa en el establecimiento de núcleos temáticos, grupos de trabajo colectivo enfocados de manera interdisciplinaria a determinadas áreas temática, en los que se vinculan estudiantes y académicos en interacción con actores externos directamente relacionados al área.

El proyecto Observatorio de Desigualdades y Políticas Públicas corresponde a una iniciativa aprobada en Consejo de Profesores de la Escuela de Trabajo Social, y que cuenta con la aprobación del Decanato de la Facso. Es definido como un espacio de vinculación con el medio, para la investigación, la formación y reflexión sobre las realidades y desigualdades que existen a nivel regional y nacional con un enfoque interdisciplinario, territorial y participativo. Así, busca promover un nuevo modelo de vinculación con el medio y una nueva forma de generación de conocimiento e intervención social con pertinencia regional y nacional, considerando las diversidades y problemáticas de los territorios.

De esta forma, sus valores centrales y transversales son el respeto por la dignidad y los derechos humanos, la participación, la excelencia, la formación ciudadana, el respeto a la diversidad, el pensamiento reflexivo, la solidaridad y el pluralismo. Sus objetivos son: consolidar un espacio de vinculación con el medio donde la investigación y formación contribuyan a generar información, puntos de vista y propuestas integrales a las problemáticas de desigualdades y políticas públicas en base a un diálogo de saberes académicos, comunitarios e institucionales; y fortalecer la visión y misión de la Escuela de Trabajo Social y de la Universidad, convirtiéndola en un referente a nivel nacional y regional en temas de desigualdades y políticas públicas.

Universia y Santander Universidades convocan a primer Conversatorio sobre Salud Mental

*Participó Javier Morán, académico de la Escuela de Psicología Facso UV.

El impacto en salud mental será una de las principales secuelas de la pandemia por Covid-19 en el sistema de educación superior, según se desprende del primer conversatorio sobre el tema organizado por Universia Chile y Santander Universidades y que contó con la asistencia de destacados investigadores de universidades y representantes de Banco Santander y Universia. En modalidad remota, hubo consenso entre los expertos que han aumentado las prevalencias de síntomas asociados a problemas de salud mental en los alumnos, docentes y funcionarios de las distintas instituciones de educación superior en todo el país.

Rodrigo Machuca, gerente de Santander Universidades e Instituciones, y Natalia Moncada, directora general de Universia Chile, dieron la bienvenida al conversatorio y agradecieron la presencia de los invitados en esta primera reunión online sobre la temática.

En la actividad participaron Vania Martínez, psiquiatra que se desempeña en la Universidad de Chile y quien es directora del Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes (IMHAY) e investigadora de MIDAP; Mariane Krause, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile; Paola Haeger, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Norte, sede Coquimbo; María Francisca Román, académica del Departamento de Psicología de la Universidad de La Frontera; Felipe García Martínez, director del Doctorado en Salud Mental de la Universidad de Concepción, y Javier Morán, docente del Departamento de Psicología Clínica, Escuela de Psicología, Universidad de Valparaíso e investigador Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP). En representación de Banco Santander expuso Eduardo Gallardo, Jefe de Bienestar.

Los invitados comentaron las acciones e investigaciones que están desarrollando sus planteles, como estudios longitudinales y otros no longitudinales para apreciar que está pasando con patologías como la depresión, ansiedad y estrés, tanto en jóvenes como en profesionales que se desempeñan en la educación superior. Todos los resultados a la fecha muestran un aumento significativo del riesgo de problemas de salud mental en la población descrita.

La decana Mariana Krause destacó que una encuesta realizada en la UC detectó que un 28 por ciento de los alumnos, profesores, docentes y administrativos presenta problemas de estrés y salud mental, cifra que sube a un 91 por ciento si se agrega a las personas que ya tenían esta condición antes de la pandemia. En un escenario de vivir en incertidumbre por Covid-19, un 52 por ciento de los encuestados ha sentido necesidad de apoyo emocional, por lo que ha UC está impulsando diversos programas de acompañamiento.

Por su parte, Vania Martínez, en representación de la Universidad de Chile, se refirió a la iniciativa en que participan estudiantes universitarios de 20 países, entre ellos, Chile, a través de un proyecto conjunto en que participan la Casa de Bello, Universidad de Talca, Universidad de O´Higgins, Universidad Austral de Chile y la Universidad de los Andes. Se trata de un estudio longitudinal impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La doctora Martínez comentó que los alumnos, que son la primera generación en la educación superior en sus familias- son los más afectados por la pandemia y el confinamiento.

Felipe García Martínez, de la Universidad de Concepción, se refirió a un estudio longitudinal sobre salud mental en su comunidad universitaria, detectando estados de estrés, ansiedad y depresión, leves y superiores. La conclusión es que los más jóvenes presentan más síntomas y lo están pasando peor. Su universidad decidió enfrentar tema a través de programas y estudios que incluyen evaluación del estado de salud mental, consejería y alfabetización en el tema, entre otros puntos.

Por su parte, las doctoras Paola Haeger, y María Francisca Román comentaron un estudio colaborativo entre ambas instituciones. La investigación en curso mide síntomas depresivos, de ansiedad y de estrés; los niveles de consumo de sustancias como tabaco, alcohol, marihuana y tranquilizantes automedicados, además de la ingesta de alimentos no saludables en comunidades de las regiones de Coquimbo y La Araucanía desde julio de 2020.

Por su parte, Javier Morán comentó que en el caso de la Universidad de Valparaíso, la rectoría impulsó la creación de una comisión, de la que participa este académico, para evaluar acciones orientadas a una respuesta Institucional para la promoción, prevención y abordaje de dificultades de salud mental. Asimismo, destacó que desde el inicio de la pandemia conduce un estudio para evaluar el efecto del confinamiento por Covid-19, los recursos psicológicos para el afrontamiento de esta nueva realidad y características del contexto académico en estudiantes. Las encuestas han revelado cifras elevadísimas en síntomas depresivos y ansiosos.

Una mirada desde una empresa privada global la brindó Eduardo Gallardo, jefe de Bienestar del Grupo Santander, quien detalló las iniciativas que integran el Plan de Salud Integral que tiene la institución y uno de cuyos objetivos es ayudar a los colaboradores a identificar los riesgos en el ámbito de la salud física y mental. Santander ha aplicado encuestas –respondidas por más de siete mil 500 funcionarios– que demuestran que el principal miedo de los empleados es contagiarse y enfermar de gravedad.

Al término del conversatorio hubo consenso que es muy importante establecer comunicación y contacto entre las universidades para conocer los estudios y mejores prácticas, de tal manera de avanzar en forma colaborativa y así enfrentar de mejor forma los problemas de salud mental derivados de la pandemia.

“La disputa por visibilizar y poner en valor a las mujeres cuidadoras es una primera batalla que hay que ganar”

*Afirma Ketty Cazorla, académica de Trabajo Social, quien trabaja el tema del cuidado de las cuidadoras de personas dependientes en sus tesis doctoral.

El cuidado de las cuidadoras de personas dependientes es el tema de investigación de la tesis doctoral de Ketty Cazorla, académica de la Escuela de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales.

La profesora Cazorla es trabajadora social, investigadora del Centro de Investigación en Cultura Política, Memoria y Derechos Humanos de la UV, Investigadora de Colectivo Notros (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso), diplomada en Salud Mental Comunitaria UCH), diplomada en Investigación en Salud (PUC), diplomada en Fotografía Social (UBA), magíster en Salud Pública (UV) y doctoranda en Psicología (PUCV).

—¿Qué la motiva a investigar sobre el tema del cuidado y en qué marco desarrolla su investigación?

“Dentro del amplio campo de estudio del cuidado, me motiva particularmente aquella práctica ejercida por mujeres de manera no remunerada y destinada a cuidar personas dependientes. Esta ha sido una temática que aparece en un comienzo en mi ruta profesional, cuando ejercía como trabajadora social en un Centro de Salud Familiar; allí tuve la oportunidad de trabajar para ellas y percatarme de lo invisibles que eran tanto para la comunidad como para la política pública. Luego, la temática se reactiva como interés académico, a propósito de una invitación de la doctora Castañeda, de la Escuela de Trabajo Social, para sistematizar intervenciones sociales en favor del cuidado de la cuidadora. Más adelante, tuve la oportunidad de participar de una investigación ANID, realizada mediante un trabajo interdisciplinario entre varias universidades del país, haciendo un seguimiento de seis meses a familias en contexto de pandemia, donde —como era de esperar— se revelan sobrecargadas experiencias de cuidado en mujeres con doble o triple jornada de trabajo, si consideramos sus empleos, cuidado familiar y/o liderazgos comunitarios.

”La motivación por investigar este tema resulta de un ensamblaje de circunstancias personales, colectivas y del entorno. En términos personales, y como muchas académicas, funcionarias y estudiantes de nuestra universidad, tengo la experiencia de una vida universitaria en compleja convivencia con el cuidado familiar, que me sitúa también como cuidadora. En términos colectivos, he tenido la oportunidad de verme influenciada por valiosas mujeres académicas de la Escuela, la Facultad y el CEI Cultura Política, Memoria y Derechos Humanos donde colaboro, cuya generosidad en su saber me ha mostrado la importancia de considerar una perspectiva posicionada en las mujeres para mirar el cuidado como una dimensión transformadora de la práctica investigativa en ciencias sociales. Y, en tercer lugar, creo que desde la intervención de Trabajo Social y el contacto directo con las mujeres cuidadoras, es posible colaborar para transformar las condiciones que generan que estas mujeres carguen en sus cuerpos los efectos del cuidado de otros, sin ningún reconocimiento social, económico o de tiempo. Por supuesto que todas estas motivaciones y reflexiones se robustecen en contextos de crisis política, económica y sanitaria.

”Así, resulta imposible marginarme de esta discusión, siendo un interés ético profesional, social y personal, y no sólo académico, el contribuir a visibilizar y valorar a las mujeres cuidadoras de personas dependientes como sujeto social, más allá de la prestación de cuidado que brindan. Particularmente me interesa estudiar —y colaborar en la transformación— de esas frágiles prácticas de autocuidado que la mujeres cuidadoras consideran factibles, resistidas y/o deseables en el actual contexto chileno, y con ello favorecer ese tránsito desde la noción de mujeres cuidadoras del cuidatoriado, donde los costos se asumen patriarcal, privada e individualmente, a la noción de personas cuidadoras de una cuidadanía, noción crecientemente aludida en diversas movilizaciones latinoamericanas que promueve una lógica de cuidado pública, ciudadana e igualitaria en género. Esto se convertiría entonces en el foco de atención del proyecto de investigación que estoy realizando en el marco del Doctorado en Psicología que curso en la Pontifica Universidad Católica de Valparaíso junto a mi tutora, doctora María Isabel Reyes”.

—¿Qué es transitar del cuidatoriado a la cuidadanía y cómo se puede hacer?

“El cuidado, siguiendo a Joan Tronto, es una actividad que incluye todo lo que hacemos con vistas a mantener, continuar o reparar el mundo, para así poder vivir en él lo mejor posible. Este propósito de sostenimiento de la vida hace que cada sociedad se organice en diversas versiones, destacándose dos relevantes: la primera comprende una organización del cuidado con énfasis liberal, que probablemente representa la actual organización chilena del trabajo del cuidar, y la segunda comprende la organización del cuidado con énfasis social, que pudiera representar una visión futura a que aspirar.

”Entonces, la organización del cuidado con énfasis liberal prioriza prácticas de cuidado individual y privado, quitando todo valor a la relación con otros y el entorno. Así, el cuidado desde los ojos del mercado se convierte en un costo que queda en absoluta responsabilidad individual y privada de las mujeres, quienes deben procurar cuidados a la niñez, personas mayores, enfermas o en situación de dependencia, además de cubrir las necesidades de salud familiar cotidiana. Haciendo alusión al conjunto de mujeres que lleva esta sobrecarga de cuidados, es que cabe convocar al concepto de ‘cuidatoriado’, que alude a la noción de precariado y es acuñado por la profesora María de los Ángeles Durán (2018). Este neologismo refiere a una clase social que tiene mínimos derechos garantizados, que reúne todos los criterios para convertirse en una clase social, si es que logra identificarse a sí misma como clase, tarea en la que están arduamente trabajando las cuidadoras organizadas.

”En oposición a la organización liberal surge la lógica del cuidado con énfasis social, el que se sostiene en la idea de que toda persona puede llegar a requerir cuidar, ser cuidada o autocuidarse. De esta manera, el cuidado social no representa un costo, sino la necesidad de alguien que precisa la protección de otro, basado en relaciones de cocuidado y bienestar compartido. Acá ubicamos la perspectiva denominada de ‘cuidadanía’. Esta noción emerge como contrapunto a la noción clásica de ciudadanía, la que se sostiene en una perspectiva individual y centrada en el hombre trabajador, invisibilizando trabajos ligados al cuidado de la vida. En oposición a ello, la cuidadanía comprende que todas las personas son cuidadores y receptores de cuidados a la vez, al margen de su género, edad o raza. Es así como desde la cuidadanía está la posibilidad de repensar los derechos ligados al cuidar, al ser cuidado, al autocuidado e incluso a la posibilidad de negarse a cuidar, porque entendido como derecho, este debe darse bajo condiciones autodeterminadas para todos los partícipes de la relación.

”Quizás esta noción de cuidado con énfasis liberal que hoy está en tensión en discusiones ciudadanas y constituyentes, pudiera ser un punto de inflexión para que la lógica de este creciente mercado del cuidado transite hacia un mejor lugar, asociado a un cuidado social con una perspectiva colectiva, cooperativista y sin mandatos discriminadores de género, en donde, por cierto, el Estado tiene un rol relevante”.

—¿Cómo el Estado debería cuidar a los y las cuidadores? ¿Hay actualmente alguna política pública al respecto?

“La valorización del trabajo de cuidado de las mujeres no remuneradas, lamentablemente sólo se hace visible cuando esa labor de cuidado se ve afectada o altera algún indicador de cumplimiento de alguna política pública sanitaria, previsional u otra, reproduciendo una injusta visión de cuerpos femeninos, los que no siempre son reconocidos más allá de la prestación del cuidado que dan (Butler, 2017). Enfrentar este problema es una tarea urgente para el Estado, que debiera asumir un rol garante del cumplimiento de derechos asociados a la relación dada en el cuidar, colocando al cuidado, y no al mercado del cuidado, en el centro.

”En este marco, investigadoras feministas latinoamericanas están proponiendo entender el cuidado como un Derecho Humano irrenunciable, en la misma calidad que la educación o la previsión social (Pautassi, 2018). La política pública se esmera por ‘maternalizar’ y ‘controlar con rendición de cuentas’ a las prestaciones destinadas a las mujeres, focalizado especialmente en su salud sexual-reproductiva y en la diada materno-infantil; pero, no existe el mismo interés al momento de abordar temas de salud mental o cronicidades que se ven agudizados en las mujeres por las prácticas del cuidar. Esto es especialmente preocupante si consideramos la diversidad de mujeres cuidadoras y el cruce de determinantes sociales que complejizan la tarea de cuidar, como sucede en el caso de mujeres cuidadoras migrantes, mayores, rurales, de orientación sexual no binaria, en situación de pobreza, en precariedad laboral, entre otras. Si somos capaces de instalar la noción de cuidado como un derecho universal, entonces ya no será una necesidad que hay satisfacer ‘dentro de lo posible’, sino que será exigible ante el Estado, otorgándole un alcance político y no asistencial.

”Este derecho al cuidado ha tenido en el caso chileno una inicial abogacía y abordaje liderado por dos instancias distintas. En primer lugar, algunos programas estatales destinados a apoyar el cuidado, donde destaca ‘Chile Cuida’, que se inicia el 2016 como una primera aproximación a un sistema de apoyos y cuidados nacional. Este ofrece una reorganización de instancias ya existentes en favor del cuidado de personas en situación de dependencia, con énfasis en personas mayores y discapacidad (Chile Cuida, 2020). Sin embargo, es un programa con limitada cobertura geográfica, focalizado en familias de precarios quintiles de ingreso, y sin entregar prestaciones de autocuidado, sino un apoyo esporádico de relevo para la cuidadora, o como algunas le denominan ‘cuidadora de respiro’. En segundo lugar, pero de manera más enfática y decidida, las organizaciones ciudadanas de cuidadoras han visibilizado el apoyo al cuidado como una tarea pendiente por parte del Estado. De hecho, el año 2018 las organizaciones ‘Yo cuido’ y ‘Mamá Terapeuta’ realizan la Primera Encuesta sobre Cuidadoras Informales en Chile, que revela que el 68 por ciento de las encuestadas tiene una carga de cuidado intensa y el 88 por ciento señala que dedica todo el tiempo a cuidar. El estudio destaca los efectos en el frágil autocuidado de la cuidadora en fragmentos representativos como: “debido al tiempo que dedico a mi familiar no tengo suficiente tiempo para mí” y “mi salud ha empeorado debido a ser cuidadora” (Fundación Mamá Terapeuta y Asociación Yo Cuido, 2018).

”Este escenario nos da a entender que la disputa por visibilizar y poner en valor a las mujeres cuidadoras es una primera batalla que hay que ganar, siendo nuestro espacio universitario un lugar para aportar desde la investigación y la propuesta de intervenciones que permitan incrementar la disponibilidad y la calidad de los cuidados, junto con mayores oportunidades para que no sólo la cuidadora, sino la sociedad en general, pueda contar con tiempo, recursos y apoyos para la práctica de cuidar(nos)”.

Quedan vacantes para taller dirigido a jóvenes víctimas de violencia policial tras el 18 de Octubre

*Se desarrollará los sábados 6 y 13 de noviembre.

“Ya se conmemoraron dos años desde el inicio del Estallido Social en Chile, y la pandemia y cuarentenas no han permitido que se generen instancias para hablar de las vivencias a partir del 18 de Octubre, por lo que se vuelve necesario generar espacios que permitan rescatar las memorias en torno a un momento de violencia que ha cambiado la vida de todos/as/es en nuestro territorio”. Así se expresa la doctora Ximena Faúndez, académica de la Escuela de Psicología Facso y directora del proyecto Fonis “Diseño de un programa de atención psicológica para víctimas de violencia policial tras el Estallido Social del 18 de octubre de 2019 en la Región de Valparaíso”.

Ante esta situación, los sábados 6 y 13 de noviembre se desarrollará el Taller “Memorias colectivas del Estallido Social”, dirigido a personas de 18 a 25 años de edad que hayan participado en marchas y manifestaciones políticas vinculadas al 18/O y que quieran hablar de su experiencia.

Ximena Faúndez invita a los y las jóvenes a inscribirse en el taller, destacando que “me alegra poder compartir esta importante actividad que hemos preparado como equipo de investigación y desarrollo en salud, con el fin de apoyar a jóvenes de nuestra región que sufrieron violencia policial tras el Estallido Social”.

Las inscripciones se reciben en el correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. El lugar en que se desarrollará será enviado vía mail a los inscritos. El taller será impartido por las psicólogas clínicas María Pía Urrutia y Dahiana Gamboa.

María Pía Urrutia es psicóloga clínica formada en la PUC, con amplia experiencia en atenciones individuales de adultos, adolescentes, parejas y familias. Facilitadora de talleres grupales con enfoque de género y temáticas relacionadas a feminismo y disidencias sexuales y violencia policial. Cuenta con experiencia en contextos vulnerables desde el enfoque comunitario en Chile y Argentina. Es docente universitaria en Chile y Argentina.

Dahiana Gamboa Morales es máster en Derechos Humanos por la University of Sussex, Reino Unido. Psicóloga clínica por la Universidad de Valparaíso. Docente de cátedras de Violencia, Memorias y Derechos Humanos en la Universidad de Valparaíso.

Aún hay vacantes para taller dirigido a jóvenes víctimas de violencia policial tras el 18 de Octubre

*La instancia está dirigida a personas de 18 a 25 años.

“Ya se conmemoraron dos años desde el inicio del Estallido Social en Chile, y la pandemia y cuarentenas no han permitido que se generen instancias para hablar de las vivencias a partir del 18 de Octubre, por lo que se vuelve necesario generar espacios que permitan rescatar las memorias en torno a un momento de violencia que ha cambiado la vida de todos/as/es en nuestro territorio”. Así se expresa la doctora Ximena Faúndez, académica de la Escuela de Psicología Facso y directora del proyecto Fonis “Diseño de un programa de atención psicológica para víctimas de violencia policial tras el Estallido Social del 18 de octubre de 2019 en la Región de Valparaíso”.

Ante esta situación, los sábados 30 de octubre y 6 de noviembre se desarrollará el Taller “Memorias colectivas del Estallido Social”, dirigido a personas de 18 a 25 años de edad que hayan participado en marchas y manifestaciones políticas vinculadas al 18/O y que quieran hablar de su experiencia.

Ximena Faúndez invita a los y las jóvenes a inscribirse en el taller, destacando que “me alegra poder compartir esta importante actividad que hemos preparado como equipo de investigación y desarrollo en salud, con el fin de apoyar a jóvenes de nuestra región que sufrieron violencia policial tras el Estallido Social”.

Las inscripciones se reciben en el correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

Estudio demuestra bajos niveles de confianza en Presidente de la República, Carabineros y Armada

*Investigación fue realizada por investigadores del CEI-CPMDH UV respecto de problemas sociosanitarios en contexto de pandemia por Covid-19 en el Gran Valparaíso.

Considerando el contexto de crisis política, social y sanitaria que se vive en el país, así como en el resto del mundo, las y los investigadores del Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Cultura Política, Memoria y Derechos Humanos (CEI-CPMDH) de la UV, llevaron a cabo una reflexión interdisciplinaria sobre el impacto de esta situación crítica, situándose en las comunas de Concón, Quilpué, Valparaíso, Viña del Mar y Villa Alemana, el Gran Valparaíso.

Esta iniciativa dio como resultado el informe “Problemas sociosanitarios en contexto de pandemia por Covid-19 en el Gran Valparaíso”, cuya encuesta y análisis de datos fueron desarrollados enteramente por investigadores del CEI-CPMDH. Se trata de una reflexión regional, que emerge de las ciencias sociales, que no sólo pretende comprender la crisis desde la opinión de los propios ciudadanos y ciudadanas del Gran Valparaíso, sino que también busca aportar información para el análisis de aquellas transformaciones requeridas para una mayor justicia social al momento de enfrentar problemas políticos, sociales y sanitarios en un territorio determinado.

Ximena Faúndez, académica de la Escuela de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales, directora del CEI-CPMDH, junto con socializar el estudio y sus resultados, expresó sus agradecimientos “a los investigadores que aplicaron la encuesta el año 2020 y a todos los investigadores e investigadoras del Centro, quienes en uno u otro momento aportaron ideas, sugerencias y mejoras para este proyecto”.

Antecedentes

El Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Cultura Política, Memoria y Derechos Humanos, perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso, desde su puesta en funcionamiento el 2016 ha tenido el propósito de incrementar la investigación interdisciplinaria referida al impacto psicológico, social, cultural y político que ha tenido la dictadura en Chile, así como sus efectos presentes.

En el marco de este propósito fue desarrollado el estudio “Problemas sociosanitarios en contexto de pandemia por Covid-19 en el Gran Valparaíso”, reflexión construida desde la noción de sindemia −que emerge de la unión de los conceptos sinergia y pandemia, dando cuenta de la interdependencia que tienen los efectos pandémicos en los diversos ámbitos de la vida social.

En el caso de Chile, se superponen crisis sociopolíticas y circunstancias transformadoras, como la movilización feminista de 2018, el estallido social de 2019 y el proceso constituyente actualmente en curso. El escenario de sindemia chileno, y en particular en el Gran Valparaíso, no responde a una serie de problemáticas diferenciadas, sino más bien a un complejo proceso social, psicológico, político y sanitario que se ensambla e impacta en la cotidianeidad de las personas, provocando efectos necesarios de conocer y comprender para propiciar cambios significativos.

La “Segunda encuesta sobre problemas, valores, actitudes y prácticas políticas”, diseñada y aplicada por el CEI-CPMDH, tuvo el fin de conocer las opiniones de los y las ciudadanas que habitan la zona del Gran Valparaíso respecto de esta crisis social, psicológica, política y sanitaria que se experimenta en los últimos años.

Esta encuesta destaca por dos características. Por una parte, es una medición local que permite no sólo conocer las particulares preocupaciones de las comunas del Gran Valparaíso, sino que posibilita generar conexiones comparativas con las tendencias manifestadas en otras ciudades, reconociendo diferencias y semejanzas. Por otro lado, la encuesta se preocupa de recoger información desde una perspectiva de derechos. A partir de aquella óptica, se reconoce que la situación sobrepasa lo estrictamente sanitario, generando afectaciones en el acceso y goce de derechos fundamentales, tales como el trabajo y la educación.

Resultados

Los resultados obtenidos, en líneas generales, son los siguientes:

−Nivel de afectación personal producto de la pandemia: Los resultados muestran altos niveles de afectación en las personas encuestadas. Se encontraron diferencias en el nivel de afectación según sexo, nivel socioeconómico (NSE) y edad de las personas encuestadas. Se registraron los siguientes elementos: aumento de estrés, ansiedad/ angustia u otros problemas psicológicos durante la pandemia; aumento de carga laboral; aumento de trabajo reproductivo y de cuidados; pérdida o disminución de fuente laboral; pérdida o disminución de salario; aumento y/o generación de deudas, atrasos en pagos de deudas, cuotas o sueldo; aumento y/o generación de violencia doméstica/intrafamiliar.

−Responsabilidades en las problemáticas de la situación sanitaria: Cuando se consulta sobre los principales responsables de la actual crisis, la mayor parte de las personas encuestadas culpan al “gobierno” y a “las personas” de la situación sanitaria.

−Problemas sociales de carácter nacional y local del Gran Valparaíso: Los resultados muestran que las personas encuestadas perciben altos niveles de problemas sociales a nivel nacional y local, sin mayores diferencias por género, nivel socioeconómico o rango etario.

−Confianza en las instituciones: El Presidente de la República presenta el nivel más bajo de confianza manifestado por los participantes, seguido por Carabineros y Armada. Mientras, los servicios de atención primaria de salud, Colegio Médico e INDH presentan niveles altos de confianza ciudadana.

Es así que los niveles bajos de confianza, tanto por nivel socioeconómico como por grupo etario, afectan al Presidente de la República, a Carabineros y a la Armada. Los alcaldes registran niveles medios de confianza por nivel socioeconómico, mientras que por grupo etario, las personas adultas encuestadas presentan niveles más altos de confianza.

Por otro lado, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) presenta altos niveles de confianza entre los participantes de nivel socioeconómico medio y alto, mientras que por grupo etario, son las personas jóvenes encuestadas quienes manifiestan mayores niveles de confianza hacia esta institución.

A su vez, el Colegio Médico presenta altos niveles de confianza entre los participantes de nivel socioeconómico alto y entre las personas jóvenes encuestadas. En el caso de la Atención Primaria de Salud, las personas encuestadas de nivel socioeconómico alto manifiestan el mayor nivel de confianza hacia la atención primaria de salud, mientras que las personas encuestadas adultas mayores manifiestan el mayor nivel de confianza hacia la atención primaria de salud.

Conclusiones

Los resultados de la Segunda Encuesta sobre Problemas, Valores, Actitudes y Prácticas Políticas aplicada por el CEI CPMDH UV muestran que si bien la sindemia ha afectado transversalmente a todas las personas encuestadas, es posible notar algunas percepciones específicas que son relevantes para la discusión pública, más allá de una lectura generalizada de la situación del empleo o la salud física y mental.

Por una parte, se observa que la afectación posee notorias distinciones socioeconómicas, expresadas en una mayor percepción de aumento de carga de trabajo en las personas de más altos ingresos, mientras que problemáticas como el incremento de las afecciones de salud mental, la pérdida o disminución del salario o fuente laboral, el aumento de la violencia doméstica, el atraso en pagos y el aumento de la deuda, son experimentadas en mayor medida por las personas de nivel socioeconómico bajo.

Una situación similar ocurre al distinguir entre los rangos etarios, observándose más efectos psicológicos negativos en las personas jóvenes y adultas en comparación con las/os adultos mayores, existiendo una especial afectación respecto de la pérdida de empleo entre las/os jóvenes y del alza de carga laboral y trabajo reproductivo y de cuidados entre las/adultos. Por otro lado, existen también importantes diferencias de género en las afectaciones relativas al incremento tanto del trabajo doméstico, como de carga laboral y problemas de salud mental, las cuales son mayoritariamente afecciones evidenciadas por las mujeres encuestadas.

En resumen, para el CEI CPMDH UV este informe no es sólo una muestra de las graves problemáticas sindémicas generadas por el COVID-19 en la población del Gran Valparaíso, sino que es, sobre todo, una invitación a reflexionar sobre el modo en que esta pandemia ha reposicionado en la discusión pública la centralidad de factores como la pobreza, la desconfianza social y las inequidades en la configuración de la sociedad chilena. En ese sentido, expresa el texto, “esperamos que este informe represente un aporte a la necesaria discusión sobre el impacto de las inequidades socioeconómicas y de género en la vida cotidiana de las comunidades, y acerca de las maneras de restituir la confianza social en un contexto postsindémico”.

El informe completo se encuentra disponible en el siguiente enlace: http://repositoriobibliotecas.uv.cl/handle/uvscl/2386.

Unidad
Universidad de Valparaíso